Una de las consecuencias más notorias de los malos hábitos alimentarios en la niñez es el riesgo de aparición en la vida adulta de enfermedades crónicas no transmisibles (diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, obesidad y cáncer).
Entre los factores determinantes para la aparición de estas enfermedades figuran el mayor consumo de alimentos con alto contenido de grasas, azúcares y sal (hipercalóricos) y la menor actividad física.
La salud y la nutrición de las madres antes y durante la gestación, además de la buena alimentación del niño en los primeros años, son esenciales para la prevención de estas enfermedades. La lactancia natural exclusiva durante los primeros seis meses, seguida de alimentación complementaria apropiada, contribuye al desarrollo físico y mental óptimo.
El hábito de una vida activa se debe promover desde la niñez, pues el ejercicio y la actividad física integran la base fundamental de los estilos de vida saludable; además de mejorar el estado físico y promover una buena salud cardiovascular, disminuye el riesgo de obesidad, diabetes e hipertensión en la vida adulta, por lo que se debe evitar el sedentarismo con restricción del tiempo dedicado a la televisión, computador y juegos electrónicos, y la promoción de ejercicios físicos y práctica de deportes.
Para lograr un estilo de vida más saludable, las familias deben estimular el consumo de más alimentos saludables, como frutas, verduras y lácteos, y no solo insistir en la eliminación de alimentos con alto contenido de azúcar y grasas (embutidos y comidas rápidas). Es decir, no concentrarse solo en la restricción, sino llegar a la promoción de alternativas ideales. Además, todos los miembros del hogar deben procurar tener una vida activa y evitar el cigarrillo, para que su ambiente siempre esté libre de humo.
Recomendaciones para una vida saludable en la niñez y la adolescencia:
- La lactancia natural es la fuente de leche ideal hasta los dos años de vida.
- Después de los dos años de edad se debe consumir tres veces al día productos lácteos como leche, yogur o queso, de preferencia semidescremados o descremados.
- Comer al menos dos porciones de verduras y tres de frutas de distintos colores todos los días.
- Comer fríjoles, garbanzos, lentejas o arvejas al menos dos veces por semana.
- Comer pescado mínimo dos veces por semana; cocido, al horno, al vapor o a la plancha.
- Preferir los alimentos con menor contenido de grasas de origen animal.
- Reducir el consumo habitual de azúcar y sal.
- Tomar varios vasos de agua al día.
- Hacer ejercicio físico diariamente.
- Preferir recreación activa.
- Procurar que el hogar y los sitios de juego o estudio sean bien ventilados.
